Los recientes terremotos en Colombia y Venezuela volvieron a poner en escena la actividad sísmica de Sudamérica y generaron dudas sobre la posibilidad de que fenómenos similares puedan producirse en otras regiones del continente, por ejemplo en Argentina y puntualmente en Bahía Blanca o la zona.
Para analizar el escenario, el medio bahiense Wips dialogó Martín Turienzo, doctor y profesor de Geología Estructural de la Universidad Nacional del Sur e investigador del Conicet, quién explicó las causas de estos movimientos y llevó tranquilidad respecto a nuestra ciudad.
El especialista aclaró en primer lugar que el terremoto ocurrido en Colombia no tuvo una relación directa con los sismos registrados en Venezuela durante junio. Si bien ambos países comparten un escenario tectónico vinculado con la interacción de placas en el noroeste del continente, existen diferencias importantes en la profundidad y en los procesos de deformación que originaron cada uno de los eventos.
En el caso del sismo colombiano, el señaló que ocurrió a una profundidad superior a los 100 kilómetros, dentro de la placa oceánica que se encuentra hundiéndose por debajo de la placa continental sudamericana. Según explicó, los terremotos se producen por la liberación de energía acumulada en las placas tectónicas como consecuencia de movimientos a lo largo de grandes fracturas o fallas geológicas. En este caso, se determinó que existió un movimiento lateral, aunque todavía se estudian los factores que pudieron generar la deformación a una profundidad tan considerable.
Consultado sobre la posibilidad de que continúen ocurriendo terremotos en Sudamérica, respondió que si, que es algo concreto.
“Sí, sin dudas seguirán sucediendo”, afirmó Turienzo, quien explicó que todo el margen occidental del continente está sometido a una intensa actividad tectónica debido a la interacción entre las distintas placas.
La mayor parte de esos movimientos, sin embargo, son de baja magnitud y resultan imperceptibles para la población. El escenario cambia cuando se activan fallas de mayor importancia que han acumulado grandes cantidades de energía durante largos períodos. En esos casos pueden producirse terremotos de magnitud elevada y, dependiendo de su ubicación, generar daños importantes.
En Argentina, la actividad sísmica se concentra principalmente en la zona cordillerana. Turienzo identificó dos regiones con características particulares: por un lado, el área de Cuyo, especialmente el norte de Mendoza y San Juan; y por otro, Tierra del Fuego, donde existe un importante sistema de fallas con movimientos laterales.
¿Puede ocurrir un terremoto como los de Colombia o Venezuela en Bahía?
La respuesta del especialista es contundente: no. Turienzo explicó que Bahía se encuentra en un sector muy interno de la placa sudamericana y a una distancia considerable de la zona de subducción donde interactúan la placa oceánica del Pacífico y la placa continental sudamericana.
Esa zona de convergencia se encuentra en el océano Pacífico, frente a la costa de Chile, por lo que las condiciones tectónicas que generan los grandes terremotos asociados a la subducción no se presentan en nuestra ciudad.
Por último, acerca de si los terremotos no pueden predecirse con exactitud, precisó que actualmente no existe instrumental capaz de hacerlo con exactitud.
Las fallas geológicas pueden acumular energía durante cientos e incluso miles de años. Cuando esa energía supera la resistencia de las rocas, se produce el movimiento que libera la energía acumulada en cuestión de segundos.
Sin embargo, esto no significa que la ciencia no pueda anticiparse al riesgo. Los estudios geológicos y sismológicos sostenidos permiten identificar las regiones con mayor probabilidad de sufrir terremotos, determinar cuáles son las fallas con mayor actividad y, a partir de esa información, preparar y alertar a las poblaciones potencialmente afectadas.
Para el investigador, avanzar en ese conocimiento requiere investigación, recursos y financiamiento que permitan sostener en el tiempo la actividad del sistema científico. Así, aunque no sea posible saber exactamente cuándo ocurrirá un terremoto, sí se puede conocer dónde existe un mayor riesgo y trabajar para reducir sus posibles consecuencias.





